El escritor maldito
- terror
- psicológico

—Te preguntarás quién soy, y es lógico. Más sabiendo que, de repente, en la oscuridad de la noche, un extraño ha entrado en tu casa, te ha arrastrado escaleras abajo y te ha atado a una silla, dejándote solo una mano suelta con dos objetos ante tus narices.
Tú no me conoces y tampoco puedes verme; me he asegurado de vendar tus ojos para que solamente escuches. Tu mano derecha está libre para que, llegado el momento... tomes tu decisión. Eres un personaje que, a costa de sus libros, ha conseguido popularidad. Una fama inmerecida, por supuesto, ya que los creepypastas y relatos de seres monstruosos que escribes los has nombrado como tuyos. Te has hecho dueño de algo que no comprendes: Kuchisake-onna, Teke-Teke, The Rake, Jeff the Killer... ¿Te crees importante por algo que únicamente viste en tu mente? Escribiste manuscritos causando un miedo que nunca sentiste, un terror que para ti jamás existió. Pues, mi querido amigo, hoy estás de suerte.
Supongo que conoces la historia de la Caja de Pandora; ese cofre de madera que, según los antiguos griegos, contenía todos los males del mundo. Hoy el terror es un simple entretenimiento... ¿verdad? ¿Y si te dijera que esa caja antigua de marfil, fabricada por un dios vengativo, jamás fue abierta? Tú has sido el elegido para vivir el miedo más intenso jamás originado. Sobrevivir a ello te haría el escritor más famoso del mundo. No soportarlo te llevaría al suicidio con el cuchillo que está junto a tu mano desatada. Tienes una noche. La venda te dará la oscuridad que necesitas para vivir tus creaciones... o morir en tus miedos.
—¿Quién coño eres? ¿Qué quieres de mí? —gritó Héctor.
—A su tiempo, Héctor... a su tiempo.
El sonido de una pequeña cerradura abriéndose y una melodía melancólica brotó del interior de la caja. Una oscuridad intensa comenzó a envolver la habitación.
Dos años antes
—Oye, tío, ¿estás bien? ¡Héctor, escúchame! —Dani zarandeó a Héctor dándole golpes en la cara.
—¡Dani, joder! ¿Qué ha pasado? —gritó Caroline—. Han empezado a sonar los sensores de movimiento y la cámara ha dejado de funcionar. ¿Será por este sitio? ¿Ha funcionado el aislamiento?
Héctor abrió los ojos despacio. Estaba sentado en una silla de madera en medio de una sala pequeña y antigua. De fondo, el ruido de una fuerte tormenta azotaba la estructura; el crujir de las tejas y el portazo de las ventanas dejaban claro que estaban en una casa muy vieja.
Caroline, Héctor y Dani eran amigos de la infancia, seguidores de lo paranormal. Lo que empezó como un proyecto universitario para subir nota en Historia terminó siendo su pasión: viajar buscando indicios de criaturas, ovnis y leyendas urbanas. Se encontraban allí gracias a una app llamada Randonautica, que actúa como un GPS de lo paranormal mediante algoritmos cuánticos.
—Perdonad, chicos. Me he debido de quedar traspuesto —dijo Héctor, confuso—. Os dije que no era buena idea fumar antes de hacerlo. Esa mierda pega fuerte.
—Tío, creía que te había dado un "amarillo". No me des estos sustos —bufó Dani.
—¿Y ahora es cuando os besáis? —ironizó Caroline—. Que sepáis que no ha servido para nada. Con el ruido de la tormenta no se distingue nada en los audios. Experimento fallido. Son las 23:30, ¿vamos a otra ubicación?
Héctor comenzó a recoger el equipo: grabadoras, sensores, minicámaras y un portátil con casi veinte años de investigaciones. Ya en su Renault Laguna negro, Dani activó de nuevo la aplicación, concentrándose en encontrar una "anomalía".
—¡Chicos, corred! ¡Mirad esto! —gritó Dani eufórico—. Las coordenadas dan una concentración de energía altísima. Estamos a una hora de camino. ¿Vamos?
—¿Un 99%? Es una brutalidad. ¡Héctor, tenemos que ir ya! —exclamó Caroline.
Salieron a toda prisa, dejando atrás la casa herrumbrosa. Mientras avanzaban bajo la lluvia, Caroline pidió a la inteligencia artificial del coche que pusiera un podcast. Tras una pequeña discusión con "Alexa", una melodía siniestra inundó el vehículo. Caroline, recostada en el asiento trasero, fumaba un porro mientras observaba el paisaje nocturno. De pronto, vio dos luces que sobresalían por encima de los árboles a gran altura.
—¿Habéis visto eso? Esas dos luces entre los árboles...
—Tía, va a ser verdad que esa hierba es potente —rió Dani. Héctor le siguió la gracia.
—No sé... da igual. Habrá sido un reflejo —suspiró ella.
Minutos después, llegaron al final del camino. Bajaron con linternas y descendieron a pie unos quinientos metros hasta una explanada donde los árboles habían sido arrancados de cuajo. Frente a ellos se alzaba una puerta colosal de hormigón: la entrada a un búnker bajo la montaña, flanqueada por dos focos oxidados que colgaban de cadenas.
—La hostia... ¿pero qué es eso? —murmuró Héctor.
—¡Dios, puto Randonautica! Esto va a ser histórico —gritó Dani.
Héctor, más precavido, caminaba despacio cuando pisó algo que crujió. Alumbró el suelo y vio la esquina de una caja de madera antigua, desenterrada por la erosión de la tormenta. La recogió y la limpió con su camiseta justo cuando un relámpago ensordecedor iluminó la zona.
De pronto, una enorme figura monstruosa apareció a lo lejos. Era descomunal, con dos grandes megáfonos por cabeza. Presos del pánico, corrieron hacia el búnker. Caroline y Dani entraron por la gran puerta, pero Héctor, cegado por el miedo, subió colina arriba y desapareció entre los árboles.
Dentro del búnker, Caroline y Dani intentaban recuperar el aliento.
—¿Dónde está Héctor? ¡Esa cosa le ha cogido! —gritó Caroline llorando.
—¡Mira el tamaño de este sitio! ¿Qué coño era eso?
—Es lo que vi desde el coche —sollozó ella—. Creo que es Siren Head. Un ser ancestral que imita voces y música con esos megáfonos...
Unas sirenas retumbaron en el interior del búnker y las luces empezaron a parpadear. El sonido de un corazón latiendo con fuerza generó una atmósfera asfixiante.
—Esas sirenas me dejan sordo... ¿Escuchas ese corazón? —preguntó Dani.
—¡Tápate los oídos! Manipula tu mente hasta que te entregas —advirtió Caroline.
Un zumbido reventó las bombillas una tras otra. Los oídos de ambos empezaron a sangrar, desorientándolos. En medio de la oscuridad, una voz imitó la película El cabo del miedo:
—"¡Abogadooo! ¡Abogadooo! Sal, ratita, quiero verte la colita...".
Dani se dio cuenta de que estaba solo. El búnker era un laberinto. Escuchó una pelota rodar hacia él.
—¡Basta ya! ¡Sal de mi cabeza! —gritó histérico.
Siren Head ya estaba en su mente. Dani vio a las gemelas de El Resplandor frente a él.
—"Hola, Dani. Ven a jugar con nosotras... para siempre...".
Una mano áspera lo levantó por el cuello. La criatura se reveló: un amasijo de músculos y venas retorcidas con dos bocinas llenas de dientes afilados. Una de las cabezas se acercó a su cara, exhalando un aliento putrefacto:
—"Bienvenido a mi morada. Entre libremente y deje parte de la felicidad que trae" —dijo con la voz de Drácula.
—¡Hijo de puta! —sollozó Dani.
La otra cabeza reprodujo la música de Psicosis. Siren Head engulló a Dani, masticando sus huesos con un crujido espantoso. Una vez terminado el manjar, la criatura emitió una frecuencia para localizar a Caroline.
—"No voy a hacerte daño. ¡Solo voy a aplastarte los sesos!" —moduló una cabeza imitando a Jack Torrance. La otra imitó a It: —"¿Hueles a circo, George? ¡Hacen pop, pop, pop!".
Caroline corría desesperada hacia la salida. Una sombra se proyectó tras ella mientras unas uñas de metal rozaban las paredes.
—"Caroline... ya están aquí... ven a la luz...".
—¡No vas a cogerme! —gritó ella, saliendo al exterior a trompicones.
Trepó por la colina hasta la carretera. Vio las luces de un coche y pidió ayuda, pero Héctor, al volante, pasó de largo sin verla, perdiéndose en la niebla.
—¡No, Héctor! ¡Estoy aquí!
Unas manos salieron de los árboles y la arrastraron hacia la espesura. Siren Head la sostuvo cabeza abajo.
—"Dirán que he derramado sangre inocente. ¿Pero para qué es la sangre, sino para derramarla?" —susurró una de las bocas con la voz de Candyman, mientras la otra reproducía la melodía de una caja de música.
Año 2019
Héctor, con los ojos rojos de tanto llorar, acercó el cuchillo a su cuello. El desconocido de la máscara blanca se la quitó lentamente.
—Antes de que lo hagas, debes saber algo: yo no estaría aquí si tú no me hubieras creado. La traición a tus amigos hizo que naciera el lado más oscuro de tu alma. Ese odio y crueldad le dio a la caja el poder de darme vida. ¿Sabes qué es un Doppelgänger? Soy tu doble más oscuro. Tú morirás por tus miedos... y yo, tu creación, continuaré con tu vida.
El doble le dedicó una mueca retorcida.
—¿Qué te parece si mi próximo relato se titula... El escritor maldito?